Investigadores CEM analizan el impacto de los incendios sobre la biodiversidad maulina

14(Abril de 2017) Calificado por muchos especialistas como un “fósil viviente” debido a que es el más antiguo de la familia de los robles en el mundo, el Ruil -árbol propio de la Cordillera de la costa maulina-, quedó en una situación muy crítica producto de los incendios que afectaron a la región durante el verano recién pasado.

“Considerando que la especie es un monumento natural, que es endémica y se encuentra solo en algunos lugares de nuestra región, es vulnerable a cualquier cambio y situación desfavorable que pueda sufrir. En el Maule existen alrededor de 500 hectáreas de esta especie única en el mundo, por lo que es una pérdida importante para nuestro patrimonio natural”, explicó el jefe de Patrimonio Silvestre de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), Felipe Barrios.

Para graficar la magnitud del desastre, basta revisar las evaluaciones preliminares realizadas por dicho organismo: del total de bosques de ruiles ubicados en la región, 190 hectáreas fueron afectadas por el fuego, quedando solo 156 hectáreas sin daño. Ante esta realidad, se está evaluando reclasificar el estado de conservación de esta especie, la que pasaría a denominarse “en peligro crítico de extinción”.

PÉRDIDAS Y RECUPERACIÓN

Lo ocurrido con el Ruil permite graficar el grave deterioro que generó en los ecosistemas locales el devastador siniestro: valiosa flora reducida a cenizas y fauna que, producto de lo mismo, perdió su hábitat natural.

“El impacto de los incendios en el ecosistema regional fue alto, si se mira la cantidad de superficie dañada se estima cercana a las 280 mil hectáreas. Sin embargo el bosque nativo tiene una alta resiliencia, es capaz de volver a levantarse y regenerar los sectores que fueron afectados”, comentó Barrios.

El especialista agregó que, con ese objetivo, “nuestra tarea es muy amplia y tenemos la confianza que el bosque pueda reponerse en el largo plazo e incluso aumentar su superficie en el Maule”.

Para lograr ese cometido diversas entidades públicas y privadas, junto a representantes de la comunidad, están aunando esfuerzos, entre ellas el Instituto de Ciencias Biológicas (ICB) y el Centro de Ecología Molecular (CEM), ambos pertenecientes a la Universidad de Talca, que se sumaron a la mesa de trabajo convocada por Conaf para abordar el tema.

“Lo que pasó este verano fue una catástrofe enorme. El ICB tiene un área de investigación en biodiversidad y no podemos estar ausentes en este tipo de iniciativas de protección del medio ambiente y, en especial, con bosques nativos de la región. Queremos ser participantes aportando en la restauración”, explicó el director del Instituto, Claudio Ramírez.

Entre los aportes que realizará este organismo, el profesional señaló que “tiene capacidad investigativa que ha generado una línea base de información que se requiere para tomar decisiones”.

En esa línea, el académico y colaborador del CEM, Cristian Torres, expresó que “en particular nos interesa abordar aspectos de la genética del Ruil, y aportar desde este patrimonio genético hasta su restauración. Nos gustaría saber cómo elegir las mejores variedades para así generar este proceso”.

RUIL

Precisamente, el “ecosistema del Ruil” posee una alta biodiversidad de fauna y flora, riqueza que concita gran parte de la atención de los especialistas. Por esta razón la especie está a la cabeza del proceso de restauración en la Región.

La buena noticia es que gracias a los estudios que desde hace décadas se realizan en la Universidad de Talca, existe una vasta información sobre este emblemático árbol.

“Hemos trabajado en esta especie desde el año 1983, con una publicación sobre las comunidades del Ruil y su fitosociología. Luego el año 1991 hicimos la primera evaluación de la distribución espacial de esta especie cuantificando los tamaños de los fragmentos. Y estos últimos años hemos estado trabajando en las amenazas que poseen junto a Conaf y el ministerio del Medio Ambiente”, observó el investigador del ICB, José San Martín.

En este contexto, el gerente de Áreas Silvestres Protegidas de Conaf, Fernando Aizman, valoró el aporte realizado por la academia y en especial el trabajo realizado por la UTALCA, el cual destacó no solo es clave para ayudar a coyunturas complejas como las consecuencias que dejaron siniestros del verano, sino que para el cuidado de la biodiversidad en general. “Ha contribuido enormemente al trabajo forestal y de los ecosistemas naturales”, afirmó.

Añadió que a partir de ello, lo que cabe es trabajar de forma mancomunada. “Hay que unirse no solamente al mundo de la academia en general, pues necesitamos el apoyo de todos, ya que tenemos que trabajar con urgencia, pero no premeditadamente. En el caso del Ruil se deben establecer rápidamente coberturas donde la Universidad puede aportar rigurosidad y protocolos”, remarcó.

“Esta es una especie icónica para el bosque del Maule y tiene desde el punto de vista paleobotánico una gran riqueza, porque es una especie símbolo para nuestra región y concita toda la atención de nuestro trabajo, pues atrás de este árbol está su ecosistema que también se debe prestarle atención”, subrayó Aizman.

MEDIDAS

De forma paralela al trabajo con los especialistas, el jefe de Patrimonio Silvestre de la Conaf, Felipe Barrios, señaló que se están realizando una serie de acciones dirigidas al corto, mediano y largo plazo.

“Tenemos medidas rápidas como capturar el germoplasma, es decir, las semillas de la especie, con el fin de viverizar y repoblar los sectores dañados. Además hemos asignado presupuesto para poder cerrar la reserva, pues con la catástrofe y lo quemado, el retoño y el pasto pueden ser consumidos por animales domésticos”, explicó.

Agregó que en el mediano plazo se está invitando a la comunidad científica para realizar estudios genéticos de la especie para determinar si es viable traer flora de otros sectores para repoblar el área afectada, mientras que con miras a un período de tiempo mayor se contemplan labores para educar a la población sobre la necesidad de tomar las medidas para evitar los incendios. “No es ninguna noticia saber que el 99% de los siniestros son activados por la mano del hombre”, recordó.

El profesional de Conaf señaló que con todas estas acciones “en un plazo superior a 30 años, tomando en cuenta las condiciones de adaptabilidad de los bosques, la recuperación, aunque lenta y compleja, es posible”.

Fuente: Ciudad Comunicada, Universidad de Talca

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